Hay textos que tienen la consistencia de budín. Budín inglés, puede ser; pero budín de pan, no. Son así parejitos –sí, así como usted lo imagina–, fáciles de cortar y de meter en la boca. Fáciles de masticar. Ni muy duros ni demasiado blandengues o aguachentos, cosa que suele resultar desagradable y termina con una molesta sensación de baba desperdigada por el intelecto del lector. En el caso de que el lector tenga intelecto, se entiende.
Hay otros, por ejemplo, que se muestran abigarrados, con volutas. Son textos donde las palabras se apilan unas sobre otras y por falta de lugar se empujan y se empecinan en sobresalir sobre lo que se quiere decir, que en realidad nunca llega a quedar del todo claro. Lo que queda claro, sí, es una cierta voluntad de pavoneo por parte del escritor, quien probablemente se haya olvidado que no íbamos a juzgarlo por la cantidad de vocablos estrambóticos que utilizara, sino que por el mensaje que deseaba transmitir, si es que deseaba transmitir algo.
En ocasiones se los encuentran desordenados, desprolijos, desaliñados. Los textos (a veces, también los escritores). De esos en los que el sujeto jamás se da cita con el predicado, o si se la dan no se ponen de acuerdo en fijar cosas tan elementales como día, hora, y otras concordancias necesarias para un feliz encuentro; o los complementos circunstanciales se olvidan de que sólo se los invitó para la ocasión y se empeñan en confundir a quien estoicamente hace el esfuerzo de encontrar un sentido a lo que se lee.
Se ven en, algunas oportunidades, textos cortitos, deliciosos como un bombón de chocolate paladeado en el límite de la lascivia. Con éstos lo que sucede es que cuando se terminan uno queda como si hubiera sido atravesado por una serie infinita de orgasmos múltiples. Hasta se siente una especie de resquemor a leer otra cosa, por miedo a no poder repetir jamás la golosina con la que uno acaba de regocijarse. Así que luego de semejante experiencia, cabe fumarse el puchito de la reflexión, dejar que el humo haga su trabajo, y elegir muy bien el siguiente acomodamiento de palabras a ser introducido en ese procesador incansable que venimos a ser los lectores.
